La "temperatura" es el primer factor climático a tener en cuenta, ya que es el que más influye en el desarrollo y crecimiento. Cada planta tiene una temperatura óptima, en la cual desarrollará todo su potencial; una temperatura mínima y máxima biológica, por encima o por debajo de las mismas la planta no podrá alcanzar una determinada fase vegetativa, como la floración o la fructificación; y una temperatura mínima y máxima letal, por debajo o por encima de las cuales se producen daños (a veces irreversibles) en la planta.
Es por tanto fundamental, mantener la planta dentro de unos límites para evitar su estrés y así potenciar toda su capacidad. A tal fin, los invernaderos deben contar con sistemas de corrección climática, dependiendo de la zona y la época en la que cultivan.
En época de calor, el invernadero debe tener ventanas que se abran cuando la temperatura aumente por encima de la temperatura óptima de la planta, y que se cierren cuando ésta vuelve a descender (además de que es apropiado renovar el aire).
Aunque este tipo de control se puede hacer manualmente, es tremendamente tedioso y obliga a estar pendiente permanentemente para abrir y cerrar las ventanas según necesidad. Ahí es donde los ordenadores de clima le hacen la vida más fácil, pues ellos mismos se encargarán de manejar las ventanas teniendo en cuenta no solo la temperatura, sino también la humedad, la velocidad y la dirección del viento.